Cuando lo que Dios hace no tiene sentido (4)

Muchas veces parecería que Dios nos coloca en situaciones aparentemente contradictorias y que no tienen ningún sentido, lo cual hace que empecemos a desconfiar o que creamos que Dios nos ha abandonado o que no nos escucha nuestras oraciones. Sin embargo, a la luz de las escrituras, nos daremos cuenta que nuestra percepción no es correcta y que debemos confiar en el Señor.

Un ejemplo que ilustra perfectamente esta situación es la historia de Abraham, recordemos que cuando el patriarca tenía setenta y cinco años de edad, comenzó  a recibir las promesas de Dios acerca de que llegaría a ser padre de una gran nación, y que en él serían benditas todas las naciones de la tierra.

Sin embargo, esa promesa fue seguida por un largo periodo de silencio. Finalmente, el Señor visitó de nuevo a Abraham, y le dijo: “Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada” (Génesis 13:15-16).

Estas palabras, dicha a un hombre cuya esposa había tratado de tener un hijo por tal vez unos cuarenta años, fueron muy extrañas. Sin embargo, Abraham aceptó la promesa, y pacientemente esperó su cumplimiento. Pero ningún hijo llegó. Pasaron años, antes que, por tercera vez, Dios alentara a su siervo. Pero en esta ocasión, Abraham mostró su creciente confusión acerca del asunto, con las siguientes palabras: “Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo…?” (Génesis 15:2).

Esa fue una pregunta lógica para Abraham, quien estaba envejeciéndose. El Señor le respondió llevándolo fuera, mostrándole el cielo nocturno, y diciéndole: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia” (Génesis 15:5).

Esas promesas de la bendición de Dios, fueron seguidas por la continua esterilidad de Sara, y otro periodo de silencio. Enfrentándose Abraham al típico caso en la que aparentemente  “Dios se contradice a sí mismo”. Podemos ver que Dios no dio ninguna explicación de la demora, ni de la aparente contradicción, Sara estaba en periodo de menopausia y esto la había dejado sin ninguna esperanza de ser madre y las piezas no encajaban en el rompecabezas y todo parecía no tener ningún sentido. Pero Abraham admirablemente, a pesar de todo creyó  y le fue contado por justicia (Génesis 15:6).

Como sabemos Sara quedó embarazada cuando tenía noventa años, y Abraham tenía cien años. Al poco tiempo nació Isaac, debe haber sido un momento de mucho gozo para ellos. Dios había cumplido su promesa y había realizado ese poderoso milagro.

Pero algunos años después, cuando Isaac ya era un joven, ocurrió uno de los acontecimientos más confusos de la Historia bíblica. ¡Dios le dijo a Abraham que sacrificara a Isaac! ¡Qué orden más extraña y angustiosa! ¿Cómo podía comenzar a entender el anciano patriarca lo que el Señor estaba haciendo? ¿No era Isaac por medio del cual habrían de cumplirse las asombrosas promesas de Dios? Si Abraham tenía que sacrificar a Isaac, de quien habrían de provenir: millones de descendientes.

Pero ésa era la manera en que las cosas se veían a través de los sentidos humanos. Pero la realidad era que las promesas dadas a Abraham no dependían de Isaac en absoluto. Dependían por completo de Dios. Él no puede ser encerrado por las limitaciones humanas. Y el Señor tenía bajo perfecto control. Por supuesto, Abraham no comprendía nada acerca del plan de Dios. Teniendo en cuenta su confusión y lo que estaba en juego para él, es asombroso que este hombre fiel a Dios obedientemente hubiera llevado a cabo el sacrificio de Isaac si no hubiera intervenido un ángel.

En otras palabras, Abraham creyó a Dios, incluso cuando lo que había dicho no tenía sentido. Los hechos decían claramente: “Es imposible que esto suceda”. El Señor le había hecho “vanas promesas” durante veinticinco años, y aún no había ninguna señal de que lo que había prometido fuese a ocurrir. No obstante, Abraham no “dudo, por incredulidad”. ¿Por qué? Porque estaba convencido de que Dios podía trascender el razonamiento y la evidencia basada en los hechos. Y por eso se le llama: “padre de nuestra fe”.

Llegará un momento en nuestras vidas, en la cual los hechos  nos hagan sentirnos desesperados, momentos en los cuales Dios parece contradecirse a sí mismo, y no hay ninguna explicación satisfactoria. La fe no permanece por mucho tiempo sin ser puesta a prueba. Debemos estar preparados para este tipo de experiencias y fortalecernos contra el ataque de que seremos objeto en ese momento.

Puede que estemos pasando por un momento de injusticia y queramos que Dios nos vengue de aquellos que nos estén haciendo daño y no queramos esperar, en esos momentos debemos recordar lo que Él nos dice: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios” (Salmo 46:10). Porque el Señor es justo y llegará el día en que se nos hará justicia, veamos el Salmo 37, donde nos dice. “Considera al íntegro, y mira al justo; Porque hay un final dichoso para el hombre de paz. Mas los transgresores serán todos a una destruidos; La posteridad de los impíos será extinguida. Pero la salvación de los justos es de Jehová, Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia. Jehová los ayudará y los librará; Los libertará de los impíos, y los salvará, Por cuanto en él esperaron” (Salmo 37.37:40).

Por ello cuando atravesemos por un momento de crisis: No exijamos explicaciones. No contemos con nuestra habilidad para comprender. No nos soltemos de nuestra fe. Debemos escoger confiar en Dios. Porque en su soberanía sabe lo que hace y todo es para nuestro bien aunque no lo parezca.

Escrito por Rocío Maehara, basado en el libro: Cuando lo que Dios hace no tiene sentido del Dr. James Dobson

¡DIOS Te Bendice!

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Acerca de Angel

Cristiano, Fundador/Director del ministerio Generación Unida por JESUCRISTO, Licenciado en Contabilidad, Aspirante a Compositor y Escritor
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