Cuando lo que Dios hace no tiene sentido (5)

Muchos nos preguntaremos si debemos seguir orando a pesar que pareciera que Dios no nos escucha o aunque muchas de nuestras peticiones no hayan sigo concedidas, veamos a la luz de las escrituras que se nos dice acerca de la oración:

El sacrificio de los impíos es abominación a Jehová;  Mas la oración de los rectos es su gozo (Proverbios 15:8).

También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar  (Lucas 18:1).

Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles (Romanos 8:26).

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias (Filipenses 4:6).

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias (Colosenses 4:2).

Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús (1ra. a los Tesalonicenses 5:17-18).

Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar, levantando manos santas, sin ira ni contienda (1ra. a Timoteo 2:8).

Como puede apreciar en las citas bíblicas no sólo Dios honra la oración, sino que también se nos ordena que nos comuniquemos de esta manera personal con él. ¡Y qué privilegio tan grande es éste! Porque no existen ayudantes o secretarias con quienes tenemos que hablar primero. Dios jamás nos dice que regresemos otro día, cuando su plan de actividades este menos congestionado.

En cambio, se nos invita a que con confianza entremos a su presencia en cualquier momento del día o de la noche. El oye hasta el más débil clamor de la persona enferma, de la que se siente sola, o de la que ha sido despreciada por los demás. Dios nos conoce y nos ama a todos nosotros, a pesar de nuestras imperfecciones y fracasos. Realmente, la invitación a orar es una preciosa expresión del amor y de la compasión incomparable de nuestro Creador hacia la humanidad.

Pero muchas veces nuestras peticiones no son concedidas y no por eso debemos dejar de orar. Piense detenidamente que sucedería si Dios hiciera siempre exactamente lo que le exigimos. Lo que sucedería es que los creyentes sobreviviríamos por cientos de años, vivirían en un mundo feliz, no padecerían dolores, tampoco enfermedades, tendrían  éxito en sus negocios, sus hogares serían hermosos, etc. Todo el fundamento de la relación entre Dios y el hombre sería destruido poco a poco. Las personas buscarían la amistad con Dios para obtener solamente beneficios y no como resultado de un corazón arrepentido y lleno de amor hacia Él. Y finalmente la evidencia del imponente poder de Dios eliminaría la necesidad de tener fe.

Por lo tanto, nuestra fe no está afianzada en señales y maravillas, sino en el Dios soberano del universo, que no actuará de acuerdo a nuestras instrucciones con el propósito de impresionarnos. Jesús censuró a los que querían que exhibiera sus milagros, con las siguientes palabras: “La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada…” (Mateo 12:39). Él quiere que le aceptemos sin que tengamos ninguna prueba. Jesús le dijo a Tomás “…bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29). Nosotros servimos a Dios no porque Él hace lo que queramos, sino porque confiamos en su preeminencia en nuestras vidas. En fin de cuentas, debemos dejar al Señor en su soberanía decidir lo que es mejor para nosotros. Recuerde que nosotros somos limitados, no podemos ver el futuro, por lo tanto es muy arrogante de nuestra parte decirle a Dios lo que tiene que hacer, en vez de darle a conocer nuestras necesidades, y luego rendirnos a su voluntad.

Muchos creyentes tenemos que lidiar con una serie de cosas, como personas que nos maltratan, enfermedades, sufrimientos, etc. Sabemos que Dios podría librarnos de todas estas cosas con su poder infinito. Sin embargo, el Señor repite dulcemente lo que le dijo a Pablo, hace casi dos mil años: “Bástate mi gracias; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios 12:9).

Esto quiere decir que debemos soportar algunas cosas que traerán consigo incomodidad, dolor y tristeza. Debemos aceptar estas cargas, llevarlas y soportarlas. La buena noticia es que Dios nos dará la fortaleza para poder soportarlo.

Todos los creyentes debemos aprender a no dejarnos llevar por el pánico cuando atravesemos por situaciones difíciles. Tenemos que aprender a mantener la calma bajo presión. En Filipenses 4:11-12, el apóstol Pablo escribió: “…He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad”. Por tanto nosotros tenemos que aprender a mantener la serenidad en cualquier situación difícil.

Muchos creyentes tenemos un serie de preguntas para el Señor  sobre muchas cosas que para nosotros no tienen y tal vez nunca tendrán sentido. Sin embargo, debemos continuar creyendo en la bondad de Dios, y esperar hasta que lo veamos cara a cara, para hacerle nuestras preguntas, en lugar de llenarnos de amargura y de enojo por el sufrimiento que nos rodea.

Recordemos que la enfermedad y la muerte entraron al mundo como resultado del pecado, y que todos estamos bajo sentencia de muerte. Esta llega más temprano para unas personas que para otras. Pero no estemos afligidos y recordemos las siguientes citas bíblicas:

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios (Juan 3:16-18).

Por lo tanto gracias a Dios, todos tenemos la posibilidad de tener vida eterna y en este mundo solo estamos de paso. Llegará el momento en que ya no tendremos sufrimientos ni aflicciones, porque estamos en este mundo solamente de paso y para los creyentes “Morir es ganancia”.

Escrito por Rocío Maehara, basado en el libro: Cuando lo que Dios hace no tiene sentido del Dr. James Dobson

¡DIOS Te Bendice!

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Acerca de Angel

Cristiano, Fundador/Director del ministerio Generación Unida por JESUCRISTO, Licenciado en Contabilidad, Aspirante a Compositor y Escritor
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